

Lluvias extraordinarias en España y sus consecuencias para los cultivos
¿Pérdidas parciales o totales?
En inundaciones, lo más habitual es una mezcla de ambos tipos de pérdida. En algunos casos se habla de pérdidas parciales, por deterioro de calidad, más destrío, caída de fruto, retrasos en recolección o enfermedades. Mientras que en parcelas con inundación persistente que quedan inundadas varios días bajo el agua, puede haber una pérdida total, por asfixia radicular, pudriciones y muerte de la planta. También se han registrado miles de hectáreas declaradas como siniestro agrícola, con pérdidas económicas provisionales que ya suman decenas de millones de euros a nivel nacional.
Sin embargo, más allá de las cifras, el impacto más extendido ha sido menos visible pero igual de relevante: el estrés fisiológico del cultivo.
Exceso de lluvia: un estrés menos visible que la sequía, pero muy relevante
El agua es esencial para la vida de las plantas, pero el exceso de agua también es un factor estresante para la planta cuando supera la capacidad de infiltración y drenaje del suelo. En condiciones de saturación, se generan múltiples problemas: 1. Asfixia radicular: cuando el suelo está saturado, los espacios porosos se llenan de agua y se disminuye el oxígeno disponible para las raíces.
2. Desequilibrios nutricionales, fisiológicos y enfermedades: se limita la absorción de nutrientes, y se pueden desencadenar desequilibrios nutricionales por lixiviación de elementos móviles. El exceso de agua también puede provocar un desbalance de las hormonas vegetales y reducir la calidad de frutos sensibles. Además, la humedad constante favorece el desarrollo de patógenos y aumenta la incidencia de enfermedades fúngicas, como la pudrición de cuello y raíz.
3. Retrasos y pérdidas en otras labores por hacer en el campo que afecten al cultivo y su rendimiento final: las precipitaciones continuas impiden el acceso al campo, retrasan las labores de siembra y abonado y provocan que técnicas clave como el aclareo o tratamientos fitosanitarios no se puedan aplicar en el momento adecuado, con consecuencias a medio y largo plazo en el rendimiento final de las cadenas productivas.
En estas condiciones, la planta entra en un estado de estrés abiótico por anoxia, reduciendo su actividad metabólica y ralentizando su crecimiento al reducir su capacidad de toma de nutrientes. Incluso cuando el suelo vuelve a drenar, el cultivo necesita reactivar rápidamente su sistema radicular para no perder potencial productivo, y puede tardar semanas en recuperar su equilibrio fisiológico.

¿Qué cultivos se han visto más afectados?
En los recuentos de siniestros se repiten sobre todo ciertos cultivos: cítricos, frutos rojos, hortícolas al aire libre, olivar, cereales, leñosos o subtropicales como el aguacate. Pero de todos ellos, vamos a ver en detalle los cereales.
Los cereales sembrados en otoño como el trigo, la cebada o la avena, durante el invierno se encuentran en fases de establecimiento, ahijado o inicio de encañado, dependiendo de la fecha de siembra y la zona. En este momento, el desarrollo radicular es clave para determinar el potencial productivo final.
Impacto agronómico y económico
En cereal, el daño no siempre es inmediato o total, pero sí puede traducirse en un amarilleamiento generalizado, menor número de tallos fértiles, menor desarrollo radicular profundo, desigualdad en el desarrollo o retrasos en abonados de cobertera por imposibilidad de entrada al campo. Además, es común la pérdida de eficiencia en el nitrógeno aplicado (por lixiviación o desnitrificación) y una mayor presión de enfermedades fúngicas. Todo ello desencadena en una pérdida parcial de plantas y por lo tanto en una menor densidad efectiva de plantas. En parcelas con drenaje deficiente, estas pérdidas pueden ser localizadas pero significativas, afectando directamente al rendimiento por hectárea del cultivo.
En cereal extensivo, donde los márgenes de beneficio son ajustados, una reducción moderada del rendimiento (5-15%) puede tener un impacto económico relevante.

¿Cómo ayudar al cereal tras un periodo de encharcamiento?
Frente a una situación como la que hemos vivido en estas últimas semanas, hay medidas agronómicas que se pueden considerar para mejorar el estado de los cultivos y su capacidad de recuperación, como la mejora del drenaje y manejo del suelo, aumentar la cantidad de materia orgánica para mejorar la velocidad de infiltración y drenaje, prácticas de labranza mínima o conservacionista, uso de cubiertas vegetales o mulch, el monitoreo y ajuste de los insumos.
Además es importante manejar el estrés que sufre el cultivo, y acompañarlo en su recuperación especialmente para minimizar su impacto en la productividad en la medida de lo posible. Reactivar el sistema radicular, favorecer la actividad metabólica y biológica del suelo. Las plantas que han estado sometidas a saturación prolongada pueden mostrar estrés fisiológico incluso después de que el nivel de agua descienda. Priorizar la recuperación radicular, estimular el balance entre absorción de agua y nutrientes, favorecer la reactivación fisiológica del cultivo y fortalecer la respuesta ante oportunistas son pasos clave para recuperar vigor y productividad.
En cereales, más concretamente, además de lo anterior, es importante tras episodios de lluvias intensas:
- Evaluar el estado radicular antes de planificar la fertilización.
- Ajustar el nitrógeno de cobertera considerando posibles pérdidas por lavado.
- Evitar compactaciones adicionales.
Rol de microorganismos y bioestimulantes en la recuperación tras exceso de agua
Acompañar al cultivo en momentos críticos, con la ayuda de microorganismos y bioestimulantes específicos es fundamental para recuperar el vigor y que no decaiga la productividad tanto.
Tras semanas de saturación, el equilibrio microbiológico del suelo puede alterarse. Las condiciones anaeróbicas modifican la población microbiana y pueden reducir la actividad de microorganismos beneficiosos. En este contexto, soluciones basadas en consorcios microbianos pueden ayudar a restablecer la actividad biológica en la rizosfera y favorecer la recuperación radicular. El uso conjunto de micorrizas y Trichodermas compatibles es básico para tener una microbiota de calidad, favorecer la recuperación de la raíz, así como potenciar el crecimiento antes esos momentos de estrés. De la misma forma, bioestimulantes específicos que puedan dar un empuje al cultivo y que puedan aumentar su resiliencia puede marcar la diferencia. En este contexto, Atlántica Agrícola propone 2 de sus soluciones, a través de Atlanticell Trichomix y Archer Force.
La variabilidad climática y su impacto en agricultura
En definitiva, las lluvias intensas y prolongadas que ha sufrido España en los últimos meses han dejado claro que la agricultura moderna debe adaptarse a escenarios de extrema variabilidad climática ante el cambio climático. Porque puede haber periodos de sequía prolongados como episodios de precipitación extrema y acumulaciones irregulares. Se necesitan estrategias de manejo más flexibles y resilientes para los cultivos.
Adoptar una combinación de buenas prácticas de manejo del suelo, drenajes apropiados, monitoreo nutricional y apoyo a la fisiología vegetal es fundamental para limitar los impactos de estos eventos, preservar la rentabilidad de las explotaciones y fortalecer la resiliencia de los sistemas agrícolas ante futuros desafíos climáticos.
Porque tan importante como producir en condiciones óptimas es saber manejar el cultivo cuando las condiciones dejan de serlo.
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