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Diciembre 2025

Alerta en soja, maíz, trigo y arroz: el nuevo patrón ambiental que está recortando márgenes en Paraguay

La agricultura paraguaya atraviesa un periodo de reactivación profunda. Tras años de sequías severas, la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) 2025 confirma un repunte histórico en los principales cultivos. La región Oriental mostró un crecimiento destacado en soja, maíz, arroz y chía, acompañado por mejoras en acceso a insumos, tecnificación y empleo rural. Según el Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), la superficie de soja para la zafra 2024–2025 alcanzó 3.6 millones de ha, un aumento de un 4% respecto al ciclo anterior, el valor más alto desde 2020–2021. La producción total llegó a 9,34 millones de toneladas, con un rendimiento promedio de 2.571 kg/ha.

 

A pesar de los buenos resultados, la Unión de Gremios de la Producción (UGP) advierte que este rendimiento estuvo condicionado por episodios de estrés hídrico, especialmente en floración y llenado, lo que refleja la vulnerabilidad del cultivo frente a condiciones ambientales adversas. El maíz, segundo cultivo estratégico, se consolidó con un crecimiento del 9,6 % en producción, alcanzando casi 4,9 millones de toneladas en una superficie sembrada de cerca del millón de ha en el país. En el caso del trigo, no llega a las 400 mil ha, con una producción que se proyecta cercana a 1,2 millones de toneladas. Y con menor área cultivada, el arroz también mostró fuerza, con un crecimiento del 51,6 % en producción apoyado por una expansión del área sembrada hasta 266.327 ha (+41%). Otros cultivos como la caña de azúcar, el cacahuete (maní) y el algodón también crecieron, mientras que la chía protagonizó un salto excepcional, con un aumento de más del 400 % en superficie.

 

Este panorama confirma que Paraguay tiene un enorme potencial agrícola… pero también una creciente dependencia de condiciones ambientales cada vez más impredecibles, como en muchos otros lugares del mundo, cada vez más condicionados por el cambio climático. Aquí comienza el verdadero desafío. En Atlántica Agrícola tenemos soluciones a todos tus cultivos.

El nuevo reto: condiciones ambientales atípicas que ya no son una excepción

Aunque los datos productivos son alentadores, la realidad es que los agricultores trabajan hoy bajo un escenario de incertidumbre climática. La última década muestra una tendencia clara:

  • Más periodos de sequía prolongada.
  • Lluvias intensas y mal distribuidas.
  • Altas temperaturas durante floración o llenado.
  • Heladas fuera de fecha.
  • Sectores con acumulación de sales debido a drenaje insuficiente o riego.

Estas situaciones ya no son “casos puntuales”; son parte del nuevo contexto productivo, y afectan directamente la fisiología del cultivo.

¿Por qué el estrés abiótico reduce tanto el rendimiento de tu cultivo?

La razón es simple: el cultivo es un organismo vivo con límites fisiológicos.

Cuando las condiciones se salen de esos límites —aunque sea por pocos días— la planta cambia de “modo crecimiento” a “modo supervivencia” al detectar unas condiciones ambientales estresantes.

A nivel interno, las plantas terrestres están constantemente sometidas a múltiples factores externos —salinidad, sequía, calor, frío, radiación, deficiencias de nutrientes— que desencadenan lo que conocemos como estrés abiótico. Este estrés altera para intentar adaptarse a esas condiciones no favorables desde la expresión de los genes hasta la fisiología, pasando por la arquitectura de la planta, el metabolismo primario (fotosíntesis, respiración) y el secundario (compuestos de defensa, antioxidantes, reguladores del crecimiento).

Cuando se produce, por ejemplo, una sequía intensa o un golpe de calor, aumenta la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) en los tejidos. Estas moléculas son muy inestables y reaccionan con lípidos, proteínas y ácidos nucleicos, dañando membranas, cloroplastos y enzimas clave de la fotosíntesis, perjudicando muchos procesos internos. La planta dispone de sistemas antioxidantes (enzimas como SOD, CAT, peroxidasas…) para neutralizar parte de este daño, pero si el estrés es intenso o prolongado, estos sistemas se saturan y la fisiología se resiente.

Además, la complejidad de la respuesta de la planta depende de la duración e intensidad del estrés, del genotipo (no todas las variedades responden igual), la fase fenológica en la que se encuentre el cultivo (floración y llenado son extremadamente sensibles), del tejido afectado o de la combinación de varios tipos de estrés al mismo tiempo (por ejemplo, calor + falta de agua).

Todo esto se traduce en campo en:

  • Menor fotosíntesis → menos energía para granos.
  • Menos crecimiento radicular → menos acceso a humedad y nutrientes.
  • Menor floración y cuaje → menos espigas, hileras o vainas.
  • Llenado más corto y acelerado → granos más livianos.
  • Mayor susceptibilidad a enfermedades o plagas.

El gran problema es que muchas veces el estrés no deja síntomas visibles inmediatos, pero deja su huella al final de la zafra en forma de menos kilos de grano, menor rendimiento y calidad, por tanto menor rentabilidad de tu cultivo.

¿Cómo afectan estas condiciones de estrés a cada cultivo?

Soja

La soja es especialmente sensible al déficit hídrico y al calor entre R1 y R5 (floración y llenado de vainas). En estas fases, la planta necesita una fotosíntesis muy activa y un suministro constante de agua para sostener el cuaje y el llenado de los granos.

Cuando hay falta de agua, se cierran los estomas para reducir la pérdida por transpiración, pero con ello también se limita la entrada de CO₂ y cae la tasa fotosintética. Internamente se altera la actividad de enzimas clave del proceso fotosintético, y aumentan las ROS, que dañan cloroplastos y membranas. Se dañan células y por tanto se acelera la senescencia. Esto se traduce en aborto de flores y vainas, por ello un menor número de granos por planta.

En las fases R1–R5 (floración y llenado), estos efectos se traducen en:

  • Aborto de flores y vainas,
  • Menor nodulación y menor fijación biológica de nitrógeno,
  • Granos livianos y menor peso de mil granos.

Todo ello implica un menor desarrollo de planta, vainas menos llenas y semillas recolectadas de menor calidad, en definitiva dando un menor rendimiento. Aun cuando la lluvia vuelve, el daño ya está hecho. El potencial productivo no siempre se recupera.

Maíz

El maíz tiene ventanas críticas muy marcadas. En V6–V8 se define el número potencial de hileras por espiga; en VT–R1 ocurre la polinización. Un golpe de calor o un déficit de agua pueden causar daños severos en el rendimiento final al obtener espigas desuniformes, con “huecos” o granos subdesarrollados a través de:

  • Reducción del número de hileras con granos,
  • Mala sincronización entre emisión de polen y receptividad del estigma,
  • Menor viabilidad del polen en días de calor extremo,
  • Cierre estomático, menor fotosíntesis y acortamiento del llenado.

Trigo

El trigo combina sensibilidad a exceso de humedad con vulnerabilidad a temperaturas extremas. Cuando el suelo se satura de agua, disminuye la oxigenación en la rizosfera, se reduce la absorción de nutrientes y la planta entra en un estado fisiológico de estrés que limita el ahijamiento y el vigor.

Las heladas tardías pueden dañar irreversiblemente la espiga antes de emerger, y las altas temperaturas durante el llenado aceleran la senescencia foliar, reduciendo el periodo útil de fotosíntesis.

El efecto final suele verse en:

  • Menos espigas fértiles,
  • Menor peso específico,
  • Menor calidad panadera.

Arroz

Aunque el arroz crece en condiciones de saturación hídrica y “no le falta agua”, también sufre estrés abiótico:

  • Temperaturas altas reducen la fertilidad de espiguillas,
  • Exceso de agua sin suficiente actividad biológica limita la disponibilidad efectiva de nutrientes,
  • Problemas de salinidad afectan la absorción de agua,
  • Suelos pobres en microbiota reducen la eficiencia del N y P.

El resultado son parcelas con menor uniformidad en el cultivo y un rendimiento que no siempre refleja la inversión en riego y fertilización.

¿Qué puedes hacer el agricultor ante factores que no controla?

Preparar la planta para resistir mejor

Una planta con raíces profundas, microbiota de calidad en el suelo y fisiología activa resiste más días de estrés sin perder rendimiento. Esto se logra mediante:

  • Buena nutrición y sanidad antes de episodios críticos para evitar estreses que estén en tu mano controlar,
  • Favorecer unas raíces más profundas y ramificadas, que puedan mejorar de la absorción y redistribución de agua y nutrientes.
  • Suelos vivos con microorganismos beneficiosos (micorrizas, bacterias PGPR, bacterias fijadoras de nitrógeno, Trichoderma, Pochonia…), (hipervínculo a Atlanticell Microorganismos archivos -Atlantica)
  • Apoyos fisiológicos que mantengan fotosíntesis y la planta activa ante un posible estrés.

Además, es fundamental intervenir en las fases críticas del cultivo , donde pequeñas mejoras generan grandes resultados:

  • Arranque: mayor vigor inicial y raíces activas → más tolerancia a sequía temprana.
  • Crecimiento vegetativo: fisiología estable → mejor respuesta ante picos de calor.
  • Llenado: fotosíntesis prolongada → granos más pesados y llenado más uniforme.

Ante un escenario de inestabilidad climática creciente, en estos tiempos no podemos evitar un período de estrés ambiental en un momento en el que se supone que no toca, pero podemos intentar que afecte lo menos posible y aumentar el rendimiento de tu cosecha.

Con todo lo anterior, cada vez más a menudo los agricultores piensan en los bioestimulantes como soluciones de alto valor en un escenario donde el clima en el que se desarrollan los cultivos deja de ser un “factor fijo” o estable, y eso pone en riesgo la producción. Aportan un gran valor diferencial y son útiles puesto que preparan a los cultivos para tolerar estrés, en cualquier fase de su ciclo, y esa es la mejor forma de asegurar rendimientos estables y proteger los ingresos.

No sustituyen nada, sino que potencian la aplicación de cualquier otro insumo para que sea mejor aprovechado por la planta. Por ello, una pequeña inversión en resiliencia puede evitar grandes pérdidas.

Si quieres saber más sobre cómo llevar tu cultivo al siguiente nivel, y conocer nuestras soluciones para Paraguay, contáctanos

ATLÁNTICA AGRÍCOLA.

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