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Bioestimulantes: pool de ases en nutrición vegetal

Las plantas no tienen capacidad de movimiento por lo que modulan su velocidad de crecimiento y producción de frutos y semillas en función de lo que perciben en su ambiente. Estos componentes ambientales, identificados como bioestimulantes, pueden modificar la fisiología de las plantas para incrementar el rendimiento de los cultivos maximizando su potencial genético. La aplicación preventiva de bioestimulantes puede mitigar las consecuencias de los extremos climáticos que provocan el estrés vegetal y afectan a los rendimientos agrícolas.

Los bioestimulantes forman parte de las cartas de la baraja de soluciones en la toma de decisiones por parte del agricultor. Son complementarios al uso de fertilizantes y fitosanitarios, incluso pueden generar sinergias para que éstos sean más eficaces, ya que pueden por ejemplo favorecer la absorción y el transporte de nutrientes o fortalecer a las plantas para activar sus sistemas internos de defensa.

Los bioestimulantes se utilizan y actúan desde que germina la semilla hasta que madura el fruto, siendo importante conocer cuáles son los óptimos para cada fase de desarrollo.Los bioestimulantes se utilizan y actúan desde que germina la semilla hasta que madura el fruto, siendo importante conocer cuáles son los óptimos para cada fase de desarrollo. La forma de aplicarse tiene varias vías: como tratamiento de semilla, como spray foliar o en el riego para que la planta active su metabolismo de forma inmediata asimilando más y mejor los nutrientes disponibles.

El cambio climático provoca condiciones ambientales variables y a menudo extremas: sequía, salinidad, elevada iluminación y altas o bajas temperaturas, que a la postre comprometen procesos claves como la fotosíntesis y la síntesis de proteínas. En estos casos la planta necesita estar, no solo bien abonada, sino además protegida por bioestimulantes que le ayuden en el proceso de desarrollo y producción de biomasa para recuperar su productividad.

Los bioestimulantes suelen ser mezclas complejas de origen natural. Se clasifican en función de su composición en ácidos húmicos y fulvicos, extractos botánicos y de algas, hidrolizados proteicos (incluyendo aminoácidos), biopolímeros (quitosano,….) y microorganismos. Los componentes moleculares de los biosestimulantes como aminoácidos, proteínas, fitohormonas, pigmentos y carotenoides, antioxidantes, polisacáridos, vitaminas, y otros micronutrientes elicitan respuestas de la planta activando rutas de señalización que incrementan el rendimiento y mejoran la calidad de los frutos.

– Ventajas en la raíz

Los bioestimulantes provocan una mejora de la germinación y del crecimiento radicular. Algunos estimulan el desarrollo de mayor número de raíces secundarias y exudados con lo que se crea una fluida absorción de nutrientes y agua, aminorando la asfixia radicular que pueden padecer los cultivos en situaciones de estrés.

– Beneficios en la microbiota

Los bioestimulantes favorecen el desarrollo de microorganismos beneficiosos del suelo. La microbiota del suelo y de las plantas tiene una gran variedad de microorganismos que cumplen un papel fundamental en los procesos de disponibilidad y captación de nutrientes, siendo esencial para mantener la fertilidad del suelo a lo largo del ciclo de cultivo.

– Estimulan el crecimiento de las plantas

Inducen el metabolismo de las plantas mejorando el transporte de nutrientes desde la raíz, la síntesis de hormonas vegetales, la fotosíntesis, fortalecen las paredes celulares y disminuyen la transpiración, lo que resulta en plantas más sanas y fuertes, de desarrollo más rápido y con una mayor tolerancia a condiciones ambientales adversas.

– Potencian el calibre y la calidad del grano y fruto

El mejor desarrollo de la planta se refleja directamente en el incremento del rendimiento y la calidad de granos y frutos, que presentan mayores calibres, mejor color y un mayor contenido en azucares y proteínas.

– Empleo en alza

La eficacia probada de los bioestimulantes y la necesidad de una agricultura sostenible que maximice los beneficios para el agricultor ha llevado al sector a un crecimiento anual del 12% con un mercado global de más de 2.000 millones de euros el año pasado. En Europa la asociación EBIC (European Biostimulant Industry Council), de la que Atlántica Agrícola es socio fundador, aglutina a las empresas más importantes del sector. EBIC trabaja con los reguladores de la Unión Europea para estandarizar los bioestimulantes dentro del nuevo Reglamento Europeo de Fertilizantes.

El proyecto de Reglamento Europeo de Fertilizantes, una propuesta del Parlamento Europeo y del Consejo, por el que se establecen disposiciones relativas a la comercialización de los productos fertilizantes con el marcado CE y se modifican los Reglamentos (CE) n.º 1069/2009 y (CE) n.º 1107/2009. Bruselas lleva desde 2011 trabajando en un borrador para armonizar todos los fertilizantes en Europa, inorgánicos, orgánicos, órgano minerales y que contempla también a los bioestimulantes.

Un borrador de ley agrícola en este año va a reconocer el uso de los bioestimulantes en los Estados Unidos, sus estándares regulatorios y requisitos de etiquetado, con la ayuda de la United States Biostimulant Coalition (USBC). Es la primera vez que una norma en ciernes incluye su definición para sentar las bases de la innovación continua, el desarrollo y la adopción de estas tecnologías sostenibles.

Los bioestimulantes se empezaron a utilizar en la agricultura orgánica, sin embargo sus buenos resultados pronto extendieron su utilización a la agricultura convencional.Los bioestimulantes se empezaron a utilizar en la agricultura orgánica, sin embargo sus buenos resultados pronto extendieron su utilización a la agricultura convencional. El impulso de fabricantes, instituciones de investigación, como la FAO y la aceptación de ONGs aúpan su penetración en el mercado de insumos agrícolas. También crece la personalización a la carta de soluciones en sanidad y nutrición vegetal desarrollando productos específicos para cada etapa del ciclo de cultivo.

La agricultura intensiva y la pérdida de materia orgánica de los suelos motiva además a recuperar los suelos degradados con la ayuda de los bioestimulantes. En la Unión Europea (UE) se detecta una corriente oficial que aboga por una agricultura sostenible con productos respetuosos con el medio ambiente. El origen natural de los bioestimulantes, su biodegradación y su presencia en ecosistemas terrestres y marítimos garantizan su seguridad. De esta forma se está limitando el radio de acción fitosanitario por parte de los agricultores.

En la actualidad, la agricultura moderna requiere un balance entre alta producción con un máximo de seguridad para los consumidores, agricultores y el medio ambiente. Los bioestimulantes se mueven bajo estas directrices. El reto de maximizar los beneficios para el agricultor necesita aumentar la producción agrícola con recursos más eficientes. Los bioestimulantes son un excelente aliado por las razones esgrimidas anteriormente.